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03/06/2020
Autor: Luana Silva de Lima
RECURSOS RELACIONALES FRENTE AL CORONAVIRUS - Juan Luis Linares

RECURSOS RELACIONALES FRENTE AL CORONAVIRUS


Juan Luis Linares


Nihil novum sub sole”


(Nada nuevo bajo el sol)

 

La epidemia de coronavirus que azota nuestras costas nos ha hecho experimentar vivencias que no podíamos ni imaginar, incluidas sensaciones apocalípticas, casi de fin del mundo. Pero ni las sensaciones, subjetivas al fin y al cabo, ni las causas que las han motivado, esas sí bastante objetivas, ni siquiera las consecuencias prácticas, son nuevas en la historia de la humanidad. Hace un siglo el mundo conoció una epidemia de gripe, injustamente conocida como “española”, que asoló los campos y ciudades de Europa, recién salida de la Gran Guerra. Los muertos se contaron por decenas de millones y, para atajarla, se recurrió a medidas de aislamiento no muy diferentes de las que se han desplegado ahora frente al Covid 19.

Las epidemias de tifus, de cólera, de peste y de otras plagas igualmente terroríficas han diezmado periódicamente a la humanidad, constituyendo una de sus pesadillas recurrentes. Y, como siempre que las circunstancias adversas constriñen a los humanos, estos han reaccionado dando de sí tanto lo mejor como lo peor.

Quizás la epidemia más famosa por sus nefastas consecuencias (redujo a la mitad la población de Europa) fue la de peste de mediados del siglo XIV. Y en ella también se cumplió la polarización entre el bien y el mal propia de las situaciones críticas. Mientras hordas fanatizadas atacaban a inocentes judíos atribuyéndoles la propagación de la enfermedad, Giovanni Boccaccio escribía en Florencia el Decamerón, ideando una puesta en escena en la que un grupo de jóvenes se refugian en una villa huyendo de la peste. Se aíslan para evitar el contagio y se cuentan cuentos para su solaz y entretenimiento.

¿Es un panorama muy distinto del que nos está tocando vivir en 2020? También ahora tenemos unos partidos políticos que se acusan mutuamente de no saber cómo afrontar la enfermedad y, por tanto, de ser responsables de su extensión. Y también ahora desarrollamos, en régimen de aislamiento, nuestra más exquisita solidaridad y nuestras más sutiles capacidades creativas.

Y es en este sentido que querría destacar los que, en mi opinión, están siendo los recursos relacionales más útiles en esta pandemia de tiempos postmodernos.

En primer lugar, la ritualización de la cotidianeidad. Sabida es la virtud ansiolítica de los rituales, y hay mucha ansiedad en el ambiente de las familias confinadas. Así pues, una planificación inteligente de rituales a lo largo de las monótonas jornadas de encierro será de gran ayuda. Por ejemplo, un rico desayuno compartido, un rato de tareas domésticas a media mañana, una sesión de gimnasia por la tarde y, finalmente, la participación en los aplausos al personal sanitario por las ventanas a la caída de la noche. Almorzar y cenar juntos buena comida preparada por los miembros de la familia con aficiones culinarias es, obviamente, un magnífico complemento.

Los rituales son el componente pragmático de la mitología familiar, el espacio donde convergen los comportamientos individuales de los miembros de la familia. Cultivándolos se enriquece la mitología familiar con nuevos mitos que mantendrán su influencia benéfica después del confinamiento.

Otro recurso relacional, de paradójica importancia en tiempos de sufrimiento y duelo, es el humor. Sacar fuerzas de flaqueza ha sido siempre una capacidad humana de especial importancia en tiempos difíciles. Por ello el humor, en cualquiera de sus manifestaciones, ayuda a encontrar el lado amable de las cosas y compensa las tendencias depresivas que generan las pérdidas y las carencias.

Por último, aunque quizás sea lo más importante, expandir al máximo la creatividad en la búsqueda de la belleza. Una belleza entendida en un sentido amplio, que cuenta con un potencial oculto en cada ser humano. Aprovechar la inevitable introspección que propicia el confinamiento para desarrollar y compartir la creatividad, ya sea en forma de canción, de dibujo, de poema o de tantas otras maneras posibles, es un excelente recurso relacional frente al corrosivo empobrecimiento ligado a la enfermedad.